Reconcíliate con el desayuno

Que el desayuno es la comida más importante del día lo hemos oído todos mil veces, ¿verdad? Pero realmente, ¿cuántos de nosotros hacemos de la que es la primera comida del día una de las más completas? Me atrevería a decir que muy pocos.

Así que, vamos, ¡reconcíliate con el desayuno! Piensa en lo importante que es emprender una jornada con la energía suficiente y las pilas cargadas gracias, en gran parte, al aporte de nutrientes y energía de un buen desayuno.

Las prisas o el estrés diario del que somos víctimas hoy en día, son solo algunos de los factores que hacen que muchos se salten el desayuno o no incluyan en él alimentos importantísimos para que podamos afrontar el día con más ganas e incluso con mejor humor.

Recordemos además que desayunando de forma completa evitaremos picar entre horas y que esto nos ayudará a tener una dieta más equilibrada.

Si eres de los que no está acostumbrado a hacer un desayuno completo, a continuación encontrarás algunos consejitos que me permito dar desde mi experiencia personal, pues hace años yo también era de las que salía de casa con un café.

 

Cena ligero.

Esto que a priori puede resultar tan obvio, es algo que a veces no se tiene en cuenta, pues es muy  habitual llegar a casa tras una dura jornada laboral y aprovechar ese rato de relax personal para hacer una cena demasiado abundante. Si te acuestas habiendo cenado poco (¡ojo! cenar poco no es cenar mal), te levantarás con más apetito. Os puedo garantizar que sentarse a desayunar con hambre es un placer extraordinario.

 

Levántate antes.

Róbale al despertador unos minutos, pongamos 20, y regálaselos al momento del desayuno. Para mí, tan importante es lo que voy a desayunar como el tiempo que voy a dedicarle, así que trata de disfrutar de ese ratito en tranquilidad, desayunando pausadamente.

 

Planifica lo que quieres desayunar. 

En mi caso me gusta acostarme pensando en lo que voy a desayunar al día siguiente, sonará raro pero es algo que me encanta. Por ello planifico un poco lo que quiero desayunar toda la semana y trato de tener todos los ingredientes. Evidentemente esto no siempre es posible y a veces hay que improvisar, pero es una forma muy buena y muy práctica de no sustituir por algo menos "saludable" lo que ya teníamos pensado comer.

 

No te obsesiones.

Cambiar un hábito de toda la vida no es tarea sencilla. Por eso te recomiendo que no te obsesiones con querer hacerlo todo de forma cuadriculada y perfecta al principio, ya que seguramente habrá días en los lances el despertador por los aires, o días en los que llegues tarde al trabajo y tengas que salir pitando de casa. Generalmente esto suele provocar una especie de frustración que nos lleva a abandonar nuestros propósitos iniciales. Mi consejo es incluir este "nuevo ritual" en nuestro día a día, poco a poco, hasta que forme parte de nuestra rutina, como ducharse o lavarse los dientes.

A modo de anécdota me gustaría contaros que cuando era adolescente, una de las cosas que más me llamaba la atención de algunas películas norteamericanas eran las escenas del desayuno. Escenas en las que aparecía toda la familia sentada frente a una mesa repleta de cosas super apetitosas: grandes jarras de zumo de naranja, bricks enormes de leche, cereales de colores, montañas de tortitas bañadas en sirope… Una escena que jamás en la vida se vio, ni de lejos, en casa de una servidora.

Lo curioso de la escena era que, por lo general, los niños salían disparados de casa porque perdían el autobús escolar y tan solo le daban un mordisco a una de las tostadas dejando el resto de cosas de la mesa sin tocar… ¡Pero por favooorrrr! ¿A alguien más esto le ponía los pelos de punta? ¿Cómo podían dejar toda esa comida olvidada en la mesa? ¿Y a qué hora se había levantado esa pobre madre para preparar semejante desayuno?

Y eso me llevó a la siguiente reflexión: Está claro que si quiero desayunar algo más elaborado y saludable que un zumo de caja y un par de galletas, tendré que levantarme antes y currarmelo un poco, ¿no? Claro que luego me perdonaba la vida diciendo "¿Pero pá qué tanta parafernalia? Mejor me tomo algo rápido y adiós."

Así que tuve que desaprender para aprender a comer mejor. Esto que más bien parece un trabalenguas, ha sido una de las principales máximas para generar el cambio que quería ver en mi vida, algo de lo que os hablaré en otra ocasión.

No, no es necesario elaborar un desayuno digno de un hotel de 5 estrellas o ponernos en plan creativo todas las mañanas, pero también forma parte del ritual preparar el desayuno con cariño porque al menos a mi, me sirve para disfrutarlo con muchísimas más ganas.

Hasta aquí la entrada de hoy en la que me he enrollado más que una persiana y a pesar de eso no he dado ningún ejemplo de desayuno divertido, y saludable… ¡Qué desastre! Tranquilos, estoy preparando todo lo relacionado con mis desayunos diarios para una futura entrada. ¡Permaneced atentos!

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Como siempre, ¡muchísimas gracias por vuestra visita y hasta la próxima!

 

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